Sillas con asiento de enea: pura tradición artesanal

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03 dic Sillas con asiento de enea: pura tradición artesanal

Utilizada desde antaño en toda clase de muebles con asiento (sillas, sillones, bancos, mecedoras,…), la enea, también conocida como espadaña, anea o typha, o mejor dicho, su utilización ha vuelto a ponerse de moda. Ahora que todo lo tradicional, lo vintage y los muebles de casa de nuestros abuelos son cotizados como verdaderas joyas, las sillas de madera con asiento de enea, conservadas en su color original o pintadas, se han convertido en las protagonistas de muchos interiores de estilo urbano y restaurantes de moda. Pero empecemos por el principio. ¿Qué es la enea y cuál es la manera tradicional de tejerla?

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La enea es una planta procedente de la familia de las tifáceas (Typha) que crece en las orillas de ríos, lagos o humedales. Una vez cortadas, las cañas tiernas y verdes se ponen a secar hasta que quedan secas y amarillentas. En ese momento, se atan formando manojos. Para trabajarlos hay que seguir unos sencillos pasos:
– en primer lugar, hay que poner las cañas secas a remojo en agua durante un par horas.
– una vez hidratados y blandos, procederemos a agruparlos en grupos de dos o tres y los retorceremos entre sí, formando un cordón. La resistencia de las cuerdas en el momento del trenzado dependerá de la calidad de las cuerdas que trabemos en este momento. De todas maneras, cuanto más retorcido esté el material y más compacta sea la cuerda, más tallos necesitaremos para cubrir el asiento.
– para conformar la cuerda, iremos empalmando tallos, alargándola poco a poco, siempre con cuidado de mantener el grosor y la densidad del tramo anterior.

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Una vez tenemos el material preparado, empezaremos a tejerlo sobre un bastidor cuadrado que a continuación se convertirá en asiento. El asiento empieza a tejerse por delante y por la izquierda. Antes de empezar a tejer, deberemos sujetarlo con un clavo a la madera, darle una vuelta, pasarlo por el travesaño lateral, dándole otra y luego mantenerla apretada contra la pata. Conforme se vaya acabando el hilo o se vaya estrechando el cabo, se añadirán empalmes que deberán quedar remetidos y bien sujetos. Una vez realizada la primera pasada, desde el punto de inicio (delante y a la izquierda) lo pasaremos hacia la derecha envolviendo de arriba a abajo el travesaño. A continuación se lleva a la izquierda de nuevo, cruzando el tramo anterior y seguir alternando la envoltura de arriba a abajo por la de abajo a arriba, creando un entramado. Cada pasada debe quedar totalmente apretada contra la anterior y todas ellas con el travesaño delantero.

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Una vez cubierta la primera vuelta, pasaremos la enea por el travesaño delantero y el lateral, ampliando el entrelazado para que con cada pasada, el travesaño del asiento quede siempre recubierto. Formada la esquina, se llevara la cuerda hacia atrás para recubrir el ángulo izquierdo y luego el izquierdo, para volver a retorcerlo hacia delante y a la derecha. Así seguiremos, creando una base de enea que conecta las cuatro esquinas y el trenzado que nace de cada una de sus esquinas hasta desembocar en la zona central del asiento. Tejiendo como se ha indicado, se conseguirá un asiento con un dibujo a cuatro aguas, el tradicional. Como se ha trabajado con la enea humedecida para poder manejarla y trenzarla mejor, al finalizar deberá dejarse secar. Al secarse la enea quedará tensa, convirtiéndose en un asiento resistente y duradero. Por último, para rematar el trabajo, se anudarán los cabos y se recortarán los cordones sobrantes, con el fin de uniformizar el tejido, dejándolo al mismo nivel que la parte superior.

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La enea es un material abundante, económico y fácil de manejar, equiparable en uso a las fibras de cáñamo, esparto o palma, utilizadas para hacer alfombras, toldos, cestería y respaldos de rejilla para sillas o mecedoras. Un complemento muy flexible y un aliado perfecto para la madera, puesto que un asiento o un respaldo realizado con este tipo de fibras, se adapta al cuerpo del que se sienta en él. Además soporta perfectamente su peso, puesto que se trata de un material que al ser trenzado y entrelazado, crea una base muy resistente y casi irrompible.

La forma de tejer este material sigue siendo la misma, aunque la técnica se ha perfeccionado y ha aplicado este tipo de asientos a piezas más modernas que la típica silla torneada de corte rústico. Es un ejemplo de ello, la Silla Wishbone, diseñada por el arquitecto y ebanista danés, Hans J. Wegner en 1949. En su modelo CH24, Y Chair o Whisbone partió de una original estructura de madera de haya.

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Algo más moderna es la Silla Mathilda de la diseñadora española afincada en Milán, Patricia Urquiola. Una silla de madera de nogal o de fresno con el asiento tapizado en piel, pero con un respaldo bajo recubierto de fibras de enea coloreadas. Otra forma de utilizar este material, aportando un toque diferente a la pieza.

Por último, vemos otras piezas más actuales de estilo contemporáneo que se inspiran en el asiento de enea tradicional para crear una silla o sillón con una estructura metálica, recubriendo con este entramado respaldo, asiento y reposabrazos.

Y vosotros, ¿cuál preferís? ¿La opción más tradicional o las piezas más actuales?

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